Un vestido fácil, rápido y sin moldes que te va a enamorar

Un vestido fácil, rápido y sin moldes que te va a enamorar
Te cuento algo: hace unos días tenía una comida con amigas y, como buena costurera de corazón, se me metió en la cabeza que quería ir con algo hecho por mí. Pero ya sabes cómo es la vida... mil cosas, poco tiempo, y cero ganas de hacer moldes ni pasarme horas frente a la máquina. Así que me acordé de este vestido que es una joyita: se corta en cinco minutos, se cose en menos de media hora ¡y queda precioso!

Y lo mejor de todo: ¡le queda bien a todas! Sí, en serio. No importa si eres más curvy, más delgada, alta o bajita… este modelo tiene ese encanto mágico que abraza el cuerpo sin apretar ni incomodar.

Lo que vas a necesitar:
– Un metro y medio (o dos, si eres más alta o quieres que quede larguito) de tela que tenga buena caída. Puede ser viscosa, gasa, lino con un poco de elasticidad… Lo importante es que no sea rígida.
– Hilo del color que combine
– Tu máquina de coser de confianza
– Y, claro, ¡tus ganas!

Cómo lo hice (sin complicaciones, palabra de costurera)
Extendí la tela sobre la mesa del comedor (que últimamente es más taller que comedor, jaja) y la doblé por la mitad, derecho con derecho. Imagina un poncho, pero con forma más coqueta.

A unos 20 cm del borde superior, corté una abertura tipo escote en forma de U suave. Nada exagerado, solo para que la cabeza pase sin problema.
Luego, con la tela aún doblada, medí unos 25 cm hacia abajo desde el escote para marcar dónde empezarían las sisas. Ahí corté unos huequitos semicirculares para los brazos. Así, tal cual. Sin patrón. A ojo, pero con cariño.

Después, pasé una costura desde debajo de cada sisa hasta el final del vestido, dejando unos 15 cm abiertos al final para que tenga movimiento al caminar. Le puse un dobladillo sencillo abajo y otro en las mangas, y ¡listo!

Ah, y si quieres marcar un poquito la cintura (porque a veces apetece, ¿no?), puedes añadirle una cintita hecha con la misma tela o ponerte un cinturón bonito. Cambia completamente el look.

Una prenda, mil formas
Este vestido lo he usado con sandalias para ir a la playa, con botines y chaqueta de mezclilla para salir a tomar algo, e incluso con medias tupidas y un suéter encima cuando refresca. Es de esas prendas que, una vez que haces la primera, ya no puedes parar. Yo ya voy por el tercero.



Y te digo más: si estás empezando en la costura, este proyecto es ideal para quitarse el miedo. No hay errores que no se puedan arreglar, y el resultado es tan gratificante que te vas a sentir como una diseñadora. Palabra de costurera veterana.






¿Te animas a hacerlo?
Si lo pruebas, me encantaría saber cómo te queda. Puedes jugar con estampados, hacerle un fruncido en el escote, agregarle bolsillos (¡nunca sobran!), o incluso probarlo en versión blusa. Lo bonito de coser es eso: que no hay reglas fijas y cada prenda lleva un pedacito de nosotras.



Gracias por acompañarme en esta charla costurera. Y ya sabes: no hace falta complicarse para crear algo lindo. A veces, con tijeras, un poco de tela y ganas, se puede hacer magia.

Nos leemos en la próxima puntada 💛
Con cariño,
Una costurera feliz entre hilos y sueños
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